martes, 3 de junio de 2014

BHAGAVAD GITA - Parte XVIII. Renuncia y Liberación (XIX)


 
Fragmento de texto del libro "Bhagavad Guita El Mensaje del Maestro" escrito por "Yogui Ramacharaka". El libro es una compilación de diversas traducciones sobre este episodio de la grandiosa epopeya Hindú conocida con el nombre de Mahabarata.
 
 
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PARTE XVIII.
 
RENUNCIA Y LIBERACIÓN

 
ARJUNA. – ¡Oh Señor bendito!, Te suplico que me enseñes en qué consiste el abstenerse de las acciones y en qué la renuncia al fruto de la acción.
 
Dime, ¡oh Señor!, cuál es la verdadera índole de cada una de ellas y en qué se distinguen.
 
KRISHNA. – Los sabios entendieron por abstención no hacer nada impelido por el deseo; y por renuncia, el desdén por los frutos de la acción.
 
¿No adviertes esta sutil distinción, ¡oh príncipe!?
 
Opinan algunos instructores que debe evitarse la acción, del mismo modo que se evita un mal, mientras que otros dicen que no deben omitirse las acciones de sacrifico, austeridad y devoción.
 
En vista de tan contrapuestas enseñanzas, escucha, Arjuna, la que te doy sobre la renuncia a los frutos de la acción.
 
Esta renuncia puede ser de tres clases, ¡oh príncipe!
 
Las acciones de sacrificio, devoción, austeridad y limosna no deben omitirse, porque son medios de purificación para el sabio.
 


 
Pero aun estas acciones se han de ejecutar por su propia virtualidad, sin apetencia del fruto ni esperanza de recompensa en este mundo ni en el otro.
 
Errónea, falsa y tenebrosa es la enseñanza que dice que es preciso abstenerse de las buenas acciones.
 
También has de saber, ¡oh príncipe!, que igualmente erróneo es abstenerse de una acción porque sea penosa y desagradable para el cuerpo físico o ingrata para la mente.
 
En verdad te digo que quien se abstiene de la acción para evitar sufrimientos corporales, se engaña a sí mismo y no gana mérito alguno de su pasional renunciación.
 
Pura es la renunciación del que hace una buena obra por deber, sin apetencia del fruto ni deseo de recompensa.
 
El renunciante, henchido de pureza, con la mente limpia de toda duda, no se niega a las acciones ingratas ni a las gratas se aficiona, pues no se complace con el éxito ni se queja del fracaso. Los acepta a ambos porque no está ligado ni al uno ni al otro.
 
No es posible que los humanos se abstengan en absoluto de la acción. Fuera locura semejante intento, pues lo impide la constitución del cuerpo físico.
 
Por lo tanto, el verdadero renunciante no es el que se abstiene de la acción, sino el que de antemano renuncia a su fruto.
 
De tres clases puede ser el fruto de la acción para quien a él no renuncia de antemano: codiciado, repudiado o indiferente.
 
Estos frutos, según su índole, se acumulan después de la muerte y en el renacimiento de quienes los apetecen.
 
Pero el que omite la acción no cosecha fruto alguno.
 
Y el que renuncia al fruto se libra de la acumulación.
 
Voy a declararte, Arjuna, que, según las sagradas enseñanzas, para el cumplimiento de una acción se necesitan cinco agentes, a saber: el cuerpo, la mente, la energía vital, los sentidos y el alma.
 
Estos cinco agentes intervienen en todo pensamiento, palabra y acto buenos o malos, lícitos o ilícitos.
 
Por lo tanto, ciego está y no ve la verdad quien se figura que su real ser, su YO superior es el único agente de la acción.
 
Quien está libre de los brazos de la personalidad y ha logrado la recta comprensión sabe muy bien que, aunque destruyera a todos estos guerreros ordenados en batalla, no sería su matador ni quedaría sujeto a los frutos de su acción al renacer.
 
Los tres impulsos de la acción son: el conocimiento, el objeto del conocimiento y el conocedor; o bien, el conocimiento, lo conocido y el conocedor.
 
El instrumento, el agente y el acto son los tres constituyentes de la acción.
 
Asimismo es de tres clases el cumplimiento de la acción.
 
El conocimiento, el agente y la acción tienen sus características en correspondencia con las tres cualidades.
 
Escucha lo que sobre la influencia de las cualidades voy a decirte.
 
Puro es el conocimiento mediante el cual ve y comprende el hombre que el único, imperecedero, indiviso y eterno Ser predomina en la Naturaleza y se manifiesta en todas las perecederas y separadas formas.
 
Pasional es el conocimiento del que considera separadas e independientes las múltiples existencias de los seres.
 
Pobre es el conocimiento del que no ve en el universo ningún principio inteligente ni mira más allá de las formas, y tampoco descubre la relación entre ellas, sino que mira a cada cosa como si fuese un todo, falto del concepto de la Causa del universo.
 
Pura es la acción cumplida por deber, sin apetencia del fruto, sin gusto ni repugnancia y libre de apasionado afecto.
 
Pasional es la acción cumplida a impulsos del deseo, con mucho interés y cuidado por las consecuencias y la recompensa.
 
Tenebrosa es la acción insensata, cumplida por ignorancia o terquedad, sin reparar en su eficacia ni en si sus consecuencias perjudicarán al prójimo.
 
Puro es el agente libre de orgullo y egoísmo, dotado de fortaleza y resolución, que no apetece el fruto de sus obras ni ambiciona recompensa.
 
Pasional es el agente deseoso de gozar del fruto de sus acciones, que se mueve a impulsos de la alegría o la tristeza.
 
Tenebroso es el agente ignorante del espíritu de la acción.
 
Ahora, ¡oh Arjuna!, escucha lo que sin reservas voy a decirte acerca de las tres clases de inteligencia y voluntad.
 
Pura es la inteligencia de quien conoce lo que debe hacer y lo que debe omitir; que sabe lo que ha de emprender y lo que ha de rehuir; que discierne entre el temor y la intrepidez, la prudencia y la temeridad, la libertad y la esclavitud.
 
Pasional es la inteligencia que confunde lo propio con lo impropio, lo justo con lo injusto, el bien con el mal.
 
Esta imperfecta inteligencia proviene de los deseos y pasiones personales que ofuscan la razón y mueven a ver las cosas a través de los prismas del deseo.
 
Tenebrosa es la inteligencia que toma por bueno lo malo, por justo lo injusto, y ve subvertidas y contrarias las cosas a su verdadera índole y significado.
 
Pura es la voluntad del hombre que domina su cuerpo, su mente y sus acciones con firmeza y devoción.
 
Pasional es la voluntad que mueve al hombre a cumplir sus deberes con deseo de ganancia y recompensa, para emplearlas en el logro de más altas ambiciones o en la satisfacción de la concupiscencia.
 
Tenebrosa es la voluntad que mantiene al hombre sumido en la ignorancia, la superstición, la pereza, el temor, la tristeza, la vanidad y el abatimiento.
 
Ahora, ¡oh príncipe!, escucha de mis labios las tres distinciones del placer, cuyo disfrute acaba con sus penas.
 
Puro es el placer que, nacido del conocimiento, repugna en el comienzo y termina por deleitar.
 
Pasional es el placer que nacido de la unión de los sentidos con los objetos de deseo, comienza por deleitar y al fin repugna.
 
Tenebroso es el placer que al principio y al fin conturba el ánimo, y proviene de la ignorancia.
 
Nadie en la tierra, ni aun los dioses del cielo, está exento de las tres cualidades.
 
Los deberes de las castas, clases y divisiones entre los hombres están determinados por las cualidades inherentes a la naturaleza de cada cual.
 
El deber de la casta de los brahmanes consiste en la serenidad, autodominio, celo, pureza, paciencia, rectitud, sabiduría, erudición y conocimiento religioso.
 
El deber de la casta de los guerreros consiste en el valor, bravura, fortaleza, honor, obediencia, disciplina, nobleza y conducta militar.
 
El deber de la casta de los agricultores y comerciantes consiste en la industria, conocimiento de la agronomía, del tráfico y de la compraventa.
 
La casta de los obreros tiene por deber la fidelidad en el servicio, la destreza, atención y honradez.
 
El deber está inspirado y nutrido por la natural disposición de cada cual, nacida de las cualidades – provenientes de los pasados pensamientos y deseos en vidas anteriores – que modelaron su carácter.
 
Bienaventurado el que realiza su obra todo lo mejor que puede y cumple fielmente su deber de acuerdo con las obligaciones de su estado, porque si se satisface con el deber cumplido, alcanzará la perfección.
 
Escucha ahora, Arjuna, cómo logra la perfección quien cumple estrictamente con su deber.
 
Logra la perfección el que, después de cumplido su deber, ofrece el cumplimiento al ABSOLUTO, de quien emanan los seres, la vida y el universo.
 
Más vale cumplir imperfectamente el propio deber que el ajeno con toda perfección.
 
Quien cumple el deber establecido por su propia naturaleza no yerra.
 
La natural inclinación a determinada actividad de la vida, acompañada de la aptitud para ejercerla, ha de seguirse y realizarse como un deber.
 
Sabe, ¡oh Arjuna!, que toda profesión, oficio, labor o trabajo tiene sus dificultades e inconvenientes, sus entorpecimientos y asperezas, su penoso aprendizaje.
 
Recuerda que no hay llama sin humo, y es locura figurarse que la propia profesión es la más penosa y la de los demás agradable, sin defectos ni penurias.
 
Alcanza la suprema perfección quien, sobreponiéndose a la influencia de los pares de opuestos, vencidos sus deseos y subyugada su personalidad, llega a la renunciación.
 
Así, logra la libertad por el cumplimiento de las obras peculiares a su deber, sin apetecer el fruto de la acción.
 
Escucha ahora, ¡oh príncipe!, cómo quien ha logrado la perfección puede alcanzar la felicidad eterna.
 
Purificado el ánimo, esclarecido el entendimiento, resueltamente subyugada la personalidad, abstraído de los objetos de sensación, trascendidos el gusto y la repugnancia, el placer y el dolor; conscientemente adorador, sobrio, dueño de sus pensamientos, palabras y acciones; disciplinado en la meditación y la concentración; libre de pasión, egoísmo, violencia, arrogancia, concupiscencia, cólera y avaricia; lleno de sosiego y paz entre el bullicioso tráfago del mundo circundante, está dispuesto a identificarse con la conciencia de la Vida universal sin perder la conciencia individual.
 
En este estado de conciencia, identificado con el ETERNO, ya no se aflige.
 
Es el mismo para todos los seres y alcanza la suprema devoción a Mí.
 
Por devoción me conoce en ESENCIA y se identifica con MI SER.
 
Sabe también, ¡oh Arjuna!, que si el hombre cumple todas sus acciones con fe, devoción y confianza en Mí, encuentra y huella el sendero que a Mí conduce; y Yo voy a él mientras él viene a Mí.
 
Así pues, ¡oh bienamado Arjuna!, posa en Mí tu corazón, tu mente y tu alma; cumple por Mí todas tus acciones y deberes; que sea Yo tu preferente objeto de elección, y con la luz de tu discernimiento piensa fervorosa y constantemente en Mí.
 
Pensando en Mí vencerás por mi divino amor todos los obstáculos y dificultades con que tropiezan los mortales.
 
Pero ve con cuidado, no sea que por personal orgullo desatiendas mis palabras y enseñanzas, y por falta de comprensión y discernimiento te apartes de Mí y Yo de ti.
 
Y si porfiado en tu egoísmo te crees de por ti docto, y con presuntuosa suficiencia exclamas: “No lucharé”, vana será tu determinación, porque a pelear te impelerán las cualidades y el carácter de tu naturaleza.
 
Sí, ¡oh príncipe! Aunque en tu ilusión y personal engreimiento creas que podràs eludir el combate, no escaparás de los lazos del deber a que tu karma te ata, y harás sin remedio lo que obcecado no quieres hacer.
 
¡Oh Arjuna! En el corazón de todos los seres mora el Señor, cuyo ilusionante poder de diferenciación los mueve a evolucionar en la rueda del Tiempo.
 
Es el Alfarero que con las manos moldea y remoldea en el torno todas las formas.
 
Refúgiate en Él y sólo en Él, ¡oh príncipe!, en todas las circunstancias y vicisitudes de la vida, porque sólo en Él hallarás la suprema paz y la sempiterna morada.
 
En estas verdaderas enseñanzas te he revelado el Misterio de los misterios, el Secreto de los secretos, la Verdad de las verdades.
 
Medita profundamente sobre ello, y cuando lo comprendas, obra a tu albedrío, según tu discernimiento.
 
Y ahora, ¡oh príncipe pandu!, mi bienamado Arjuna, mi discípulo, escucha aún mi última y suprema enseñanza que por tu bien voy a revelarte.
 
Dame tu corazón, tu mente, tu alma, tus pensamientos, tu voluntad, todo tu ser, y pon todo tu interés, toda tu atención en Mí, que te declaré mi verdadero Ser.
 
Sírveme a Mí solo, adora en Mí, póstrate ante Mí y llegarás a Mí. Te lo prometo, porque te amo.
 
Desdeña toda otra enseñanza filosófica, científica o religiosa. Busca en Mí tu único refugio. Ven a Mí. Sólo a Mí.
 
No temas, ¡oh Arjuna!, Yo te limpiaré de todas las culpas.
 
Y ahora, una prevención final a ti y a los que te han de seguir, para que conformes a ella tu conducta.
 
Sabe que estas mis enseñanzas no se han de revelar a quienes no hayan subyugado su cuerpo por medio de la devoción y no sean mis siervos.
 
Nada digas de esto al mundano, ni al impío, ni al que no quiere escuchar, ni al que Me desprecia.
 
Pero quien con sincera devoción enseñare esta divina sabiduría a mis devotos, con seguridad llegará a Mí.
 
Nadie entre los hombres podrá ofrecerme más grato servicio ni otro hombre alguno será tan amado por Mí en la tierra.
 
Y de los que vengan después de ti, hasta que la Noche de Brahma haya destruido todas las formas, el que leyere u oyere y estudiare estas enseñanzas y este nuestro coloquio, Me adorará por ello, y Yo aceptaré su adoración como si me ofreciese su sacrificio. Y su devoción llegará hasta Mí. Te lo prometo.
 
Y también el que sin burla y lleno de fe escuchara estas enseñanzas, hollará el sendero que conduce a la paz y la felicidad, y durante los períodos de descanso morará en la mansión de los justos.
 
¿Me has escuchado atentamente, Arjuna? ¿Recordarás mis palabras? ¿Se ha desvanecido tu ilusión, hija de la ignorancia?
 
ARJUNA. – Desvanecida está. Por tu divino poder, ¡oh inmutable Señor, mi bendito Maestro y Dueño!, adquirí conocimientos y disipó mis dudas la Luz del Espíritu.
 
Obraré según tu Palabra.
 
SANJAYA. – Yo he oído, ¡oh Dhritarashtra!, este maravilloso diálogo entre Krishna y Arjuna.
 
Por el favor de alguna excelsa Potestad, fui capaz de oír y recordar esta admirable doctrina, según fluía de los labios de Krishna.
 
¡Oh Rey! Al recordar este santo coloquio me lleno de gozo y sin cesar me regocijo.
 
Y aún mayor es mi asombro y mi júbilo al recordar la maravillosa transfiguración de Krishna mi Señor.
 
Doquiera estén Krishna, el Señor, y Arjuna, el príncipe, allí estarán seguramente la prosperidad, la victoria, la justicia y la eterna bienaventuranza.
 
 
Así concluye la parte decimoctava del Bhagavad Guita, titulada:
 
 
RENUNCIAMIENTO Y EMANCIPACIÓN
 
Y ASÍ CONCLUYE EL BHAGAVAD GUITA, EL MENSAJE DEL MAESTRO, QUE, BIEN COMPRENDIDO, DARÁ A CUANTOS LO LEAN O ESCUCHEN RECONFORTANTE PAZ Y RECÓNDITA SABIDURÍA.


PAZ A TODOS LOS SERES
A U M
 
 

5 comentarios:

  1. Frases destacadas:

    "También has de saber, ¡oh príncipe!, que igualmente erróneo es abstenerse de una acción porque sea penosa y desagradable para el cuerpo físico o ingrata para la mente."

    "Pura es la renunciación del que hace una buena obra por deber, sin apetencia del fruto ni deseo de recompensa. El renunciante, henchido de pureza, con la mente limpia de toda duda, no se niega a las acciones ingratas ni a las gratas se aficiona, pues no se complace con el éxito ni se queja del fracaso. Los acepta a ambos porque no está ligado ni al uno ni al otro. No es posible que los humanos se abstengan en absoluto de la acción. Fuera locura semejante intento, pues lo impide la constitución del cuerpo físico. Por lo tanto, el verdadero renunciante no es el que se abstiene de la acción, sino el que de antemano renuncia a su fruto."

    “... el que omite la acción no cosecha fruto alguno. Y el que renuncia al fruto se libra de la acumulación.”

    “...para el cumplimiento de una acción se necesitan cinco agentes, a saber: el cuerpo, la mente, la energía vital, los sentidos y el alma. Estos cinco agentes intervienen en todo pensamiento, palabra y acto buenos o malos, lícitos o ilícitos. Por lo tanto, ciego está y no ve la verdad quien se figura que su real ser, su YO superior es el único agente de la acción. Quien está libre de los brazos de la personalidad y ha logrado la recta comprensión sabe muy bien que, aunque destruyera a todos estos guerreros ordenados en batalla, no sería su matador ni quedaría sujeto a los frutos de su acción al renacer.”

    “Los tres impulsos de la acción son: el conocimiento, el objeto del conocimiento y el conocedor; o bien, el conocimiento, lo conocido y el conocedor. El instrumento, el agente y el acto son los tres constituyentes de la acción.”

    “El conocimiento, el agente y la acción tienen sus características en correspondencia con las tres cualidades.”

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    1. “Puro es el conocimiento mediante el cual ve y comprende el hombre que el único, imperecedero, indiviso y eterno Ser predomina en la Naturaleza y se manifiesta en todas las perecederas y separadas formas.

      Pasional es el conocimiento del que considera separadas e independientes las múltiples existencias de los seres.

      Pobre es el conocimiento del que no ve en el universo ningún principio inteligente ni mira más allá de las formas, y tampoco descubre la relación entre ellas, sino que mira a cada cosa como si fuese un todo, falto del concepto de la Causa del universo.

      Pura es la acción cumplida por deber, sin apetencia del fruto, sin gusto ni repugnancia y libre de apasionado afecto.

      Pasional es la acción cumplida a impulsos del deseo, con mucho interés y cuidado por las consecuencias y la recompensa.

      Tenebrosa es la acción insensata, cumplida por ignorancia o terquedad, sin reparar en su eficacia ni en si sus consecuencias perjudicarán al prójimo.

      Puro es el agente libre de orgullo y egoísmo, dotado de fortaleza y resolución, que no apetece el fruto de sus obras ni ambiciona recompensa.

      Pasional es el agente deseoso de gozar del fruto de sus acciones, que se mueve a impulsos de la alegría o la tristeza.

      Tenebroso es el agente ignorante del espíritu de la acción.”

      “...acerca de las tres clases de inteligencia y voluntad.

      Pura es la inteligencia de quien conoce lo que debe hacer y lo que debe omitir; que sabe lo que ha de emprender y lo que ha de rehuir; que discierne entre el temor y la intrepidez, la prudencia y la temeridad, la libertad y la esclavitud.

      Pasional es la inteligencia que confunde lo propio con lo impropio, lo justo con lo injusto, el bien con el mal.

      Esta imperfecta inteligencia proviene de los deseos y pasiones personales que ofuscan la razón y mueven a ver las cosas a través de los prismas del deseo.

      Tenebrosa es la inteligencia que toma por bueno lo malo, por justo lo injusto, y ve subvertidas y contrarias las cosas a su verdadera índole y significado.

      Pura es la voluntad del hombre que domina su cuerpo, su mente y sus acciones con firmeza y devoción.

      Pasional es la voluntad que mueve al hombre a cumplir sus deberes con deseo de ganancia y recompensa, para emplearlas en el logro de más altas ambiciones o en la satisfacción de la concupiscencia.

      Tenebrosa es la voluntad que mantiene al hombre sumido en la ignorancia, la superstición, la pereza, el temor, la tristeza, la vanidad y el abatimiento.”

      “...las tres distinciones del placer, cuyo disfrute acaba con sus penas.

      Puro es el placer que, nacido del conocimiento, repugna en el comienzo y termina por deleitar.

      Pasional es el placer que nacido de la unión de los sentidos con los objetos de deseo, comienza por deleitar y al fin repugna.

      Tenebroso es el placer que al principio y al fin conturba el ánimo, y proviene de la ignorancia.”

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    2. “El deber está inspirado y nutrido por la natural disposición de cada cual, nacida de las cualidades – provenientes de los pasados pensamientos y deseos en vidas anteriores – que modelaron su carácter.”

      “Más vale cumplir imperfectamente el propio deber que el ajeno con toda perfección.”

      “Quien cumple el deber establecido por su propia naturaleza no yerra.”

      “Alcanza la suprema perfección quien, sobreponiéndose a la influencia de los pares de opuestos, vencidos sus deseos y subyugada su personalidad, llega a la renunciación.”

      “Escucha ahora, ¡oh príncipe!, cómo quien ha logrado la perfección puede alcanzar la felicidad eterna. Purificado el ánimo, esclarecido el entendimiento, resueltamente subyugada la personalidad, abstraído de los objetos de sensación, trascendidos el gusto y la repugnancia, el placer y el dolor; conscientemente adorador, sobrio, dueño de sus pensamientos, palabras y acciones; disciplinado en la meditación y la concentración; libre de pasión, egoísmo, violencia, arrogancia, concupiscencia, cólera y avaricia; lleno de sosiego y paz entre el bullicioso tráfago del mundo circundante, está dispuesto a identificarse con la conciencia de la Vida universal sin perder la conciencia individual.”

      “Sí, ¡oh príncipe! Aunque en tu ilusión y personal engreimiento creas que podràs eludir el combate, no escaparás de los lazos del deber a que tu karma te ata, y harás sin remedio lo que obcecado no quieres hacer.”

      “¡Oh Arjuna! En el corazón de todos los seres mora el Señor, cuyo ilusionante poder de diferenciación los mueve a evolucionar en la rueda del Tiempo.”

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  2. Haciendo una síntesis de tan extenso e interesante diálogo, yo lo resumiría diciendo;

    "Pureza en la acción, Inofensividad, Amor incondicional y olvido de uno mismo"

    Gracias Dani por tu dedicación constante en transmitir la Sabiduría Eterna.

    Un fuerte abrazo

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    1. Excelente síntesis Marta. Esas cuatro palabras revelan mucho de lo escrito.

      Este último capítulo, mas extenso que los anteriores, ofrece mucha Sabiduría. Es mi intención hacer en una próxima entrada una recopilación de las mejores frases del libro, toda vez que ya ha finalizado el mismo.

      Espero ser lo suficientemente hábil como para saber elegir las mas significativas.

      Un fuerte abrazo

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